viernes, 22 de octubre de 2010

Boston, una ciudad vieja para un hombre nuevo


Son ya casi dos meses desde que llegué a esta ciudad, de las más viejas de este país joven; la primera gran ciudad que erigieron los padres fundadores, esos benditos que, escapando de un rey que los quería laminar, laminaron a unos indios a los que aún anualmente se agradece que los dieran de comer, cosas de la vida...

Suena raro a un europeo el entusiamo con el que habla el lugareño de su larga historia, aunque bien pensado, yo nunca llegaré a vivir 300 y pico años. Boston es sus Celtics, sus inumerables parques, sus ardillas que se cruzan y desaparecen a cada instante. Es Harvard y otra media docena (que yo sepa) de universidades más.

Vivo en Prospect Hill, un vecindario tipo de la periferia de la urbe, plagado de casitas unifamiliares de 3 alturas, muchas compartidas por dos propietarios: el de la planta baja y el del resto de la casa. Precisamente por este tipo de edificios, una ciudad como Boston es tan grande en extensión como Madrid y, sin embargo, tiene solo un tercio de su población. El edificio más antiguo del barrio es la torre erigida en homenaje a los primeros independentistas que alzaron la primera bandera contra los hijos de la gran Bretaña.

Puede ser cierto que acá fueran los primeros en casi todo, pues el país empezó por estos lares, pero es curioso como he escuchado varias veces la misma cantinela: hace dos semanas, recogiendo manzanas en la campiña de la ciudad de Concord, al noroeste de la capital, nuestra chófer, Nancy, una mujer con dos perros y devoción por su hermano -nos refirió cada paraje que había hollado su allegado: la casa en la que nació, el colegio en el que estudió, el campo donde entrenaba...-, señaló que los ciudadanos de esta villa fueron los primeros en plantear batalla a campo abierto a las tropas de su Majestad.

La cultura de la ciudad es tan rica que no se agota en Harvard, aunque solo en esta universidad se podría ir a varias decenas de conferencias, seminarios, coloquios, obras de teatro o presentaciones de libro al día. Sorprende la limpieza de sus calles, aunque las vías de la ciudad vieja, por mor de una alcantarillado algo vetusto, tienen de vez en cuando unos negros y malolientes invitados. Dicen que el bostoniano es el peor conductor de los Estados Unidos, pero el peor de los conductores bostonianos sería un tipo medio en las Españas y un tranquilo piloto italiano.

La gente, en términos generales, es amable y se esfuerzan por entender al extranjero que balbucea inglés con acento mesetario (mi caso), pero llama poderosamente la atención el individualismo rampante: la gente come sola, siempre con su portátil o un libro, salen de las clases y marchan solos y veloces a la biblioteca para sacar los libros de la sesión de la próxima semana. Si les preguntas te responden cordialmente, pero no parecen interesados en ir más allá.

Esto cambia, claro, en el caso de los estudiantes extranjeros, especialmente mediterráneos o latinoamericanos, que son multitud. Un tipo mejicano, de aspecto autóctono precolombino, Humberto, es paradigmático de este grupo, siempre sonriente y dispuesto de ir a 'tomar' un trago. Experto en cine y organizador de eventos fílmicos, Humberto anda terminando el doctorado, que empezó ya talludito siguiendo a su mujer, que encontró trabajo en Boston.

Los estudios doctorales acá son como otra carrera, o más bien maratón: 3-4 años de asignaturas y otros 2-3 dando clase, con asignaturas (lo estoy sufriendo en mis carnes) que exigen leer un libro y varios ensayos a la semana, amén de presentaciones en clase y trabajo final de curso. El examen final general abarca 75 libros.

La vida universitaria no tiene mucho que ver con la cotidiana de las gentes del área de la bahía de Massachusstes (sin solución de continuidad, Boston se prolonga en una serie de pequeñas ciudades, lo que en Madrid serían distritos), que disfrutan de curiosas costumbres como visitar un desguace como si de un parque de atracciones se tratara. El típico día para toda la familia que detallaré, en toda su bizarrez, la próxima semana...

lunes, 20 de julio de 2009

El ‘Invierno de Praga’*

 

C

omo si de un personaje de una novela de Kundera se tratara, parece que la población checa hace ya tiempo que no vive con Europa, pese a la paradoja de ser el país centroeuropeo parte del alma del viejo continente[1]. En esa centralidad histórica y en los zarandeos que ha padecido el país por sus vecinos puede radicar la explicación de la indiferencia del pueblo checo en las recientes elecciones al Parlamento europeo. Con un 28, 22% de participación, República Checa es el quinto país con mayor abstención de la Europa de los 27, solo superado por su vecina Eslovaquia (19, 64%), Lituania (20,98%), Polonia (24,53%) y Rumanía (27,67%), y a casi 15 puntos de la media europea[2].

De los aproximadamente ocho millones y medio de electores sobre una población de  10.476.543  personas[3], poco más de uno de cada cuatro votantes de este pequeño país de apenas 79.000 km2 situado en el corazón de Europa ejerció su derecho al voto los pasados días 5 y 6 de junio. El resultado no ha sorprendido a tenor de los anteriores comicios europeos, celebrados en 2004, donde la participación fue casi idéntica, un 28,3%. ¿Qué pasa entonces con el sentimiento europeo de la antigua Gran Moravia? ¿O será quizás que las erradas son las élites políticas comunitarias, que Unión Europea (UE) no es sinónimo de Europa?

 

Más huevos que programas

 

En el fondo, la República Checa no es tan diferente de otros países como España, donde se percibe a una Europa lejana e impersonal, cuyos miembros disfrutan de dorados retiros a precio de hotel de cinco estrellas con todos los gastos pagados. A propósito de esta disquisición, una estudiante de periodismo checa me comentaba que aunque la visión mayoritaria sobre la Unión Europea es positiva y consideran necesario ser miembro por cuestiones de libertad y seguridad, la gente mantiene una actitud crítica hacía a las instituciones europeas por las limitaciones impuestas por la UE y la complicada burocracia de Bruselas. Mi interlocutora citaba casos concretos como el de la regulación del tamaño de los pimientos o la proporción de los ingredientes en las salchichas checas. A la gente le importan las pequeñas cosas cotidianas, ¿pero se fijan en ellas los partidos políticos? Si tomamos como termómetro el recibimiento a base de huevos que padeció durante la campaña en sus mítines Jiri Paroubek, el líder de los socialdemócratas, la respuesta es no.

No ha existido una agenda de temas europeos durante la pasada campaña electoral y los asuntos tratados fueron de política interna checa: los dos grandes partidos, el socialdemócrata (CSSD) y el liberal-conservador (ODS), usaron el viejo argumento de lanzarse los trastos a la cabeza, presentando los puntos negativos del rival. ¿Les suena? El tema principal de la campaña fue la crisis económica. En palabras del periodista y profesor de literatura Ales Linduska, la campaña electoral dio respuesta a dos preguntas principales: ¿Quién tenía mejor programa para salir de la crisis y quién de los contendientes cometió más errores en sus períodos de gobierno pasados? El populismo no fue bien recibido por los electores checos y quien se llevó la palma fue el mandamás del CSSD, que durante unos días afrontó cada uno de sus mítines con la sensación de ser una tortilla en potencia. Parece que esta costumbre, según Radio Praga[4], comenzó el 13 de mayo en la ciudad de Kolín, cuando a un joven músico se le ocurrió hacer publicidad a su formación pegándole un buen huevazo a su político más odiado. Posteriormente la idea se extendió por la red social de Internet Facebook y al final se convirtió en la noticia de las elecciones.

Las elecciones muestran unos resultados que entraban dentro de lo posible según los sondeos de opinión, que pasaron de pronosticar una victoria socialdemócrata quince días antes de los comicios (32% frente a 23% del ODS), a invertir las tornas: dar como ganador al partido conservador por una distancia de nueve puntos porcentuales a apenas diez días de la votación. Y es que, parece que pesó más el “perfil populista y hosco” del líder del CSSD –palabra de diplomática afincada en el país- y la moción de censura por él instigada que derrocó al Gobierno de Topolanek, líder del ODS, en mitad  de la Presidencia de la UE, que las fotos del líder conservador desnudo y rodeado de bellas mujeres en una villa de Cerdeña junto al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Al final se consumó el vuelco vaticinado en las encuestas y el ODS, que formará parte de un nuevo grupo de la cámara de Estrasburgo, el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, abandonando el grupo del Partido Popular Europeo al que perteneció hasta la fecha, obtuvo 9 escaños y casi el 32 % de los votos, por 7 y poco más del 22% de los socialdemócratas, miembros del Partido Socialista Europeo, revalidando la victoria que ya lograra hace 5 años. Las otras dos fuerzas políticas que consiguieron representación parlamentaria fueron los comunistas (KSCM) de Vojtech Filip, con 4 escaños y los demócrata-cristianos (KDU-CSL),  socios del partido mayoritario en la cámara comunitaria, el Popular europeo, con 2.

            Han supuesto estas elecciones un fracaso de los socialdemócratas si comparamos sus resultados con las elecciones regionales del pasado otoño, donde obtuvieron casi el 36% del apoyo popular, aunque no con respecto a las anteriores europeas de 2004, donde apenas recabaron el 9% de los apoyos y obtuvieron 2 escaños[5]. La derrota se ha de interpretar en clave interna, no como un castigo a los planteamientos europeístas de un partido que lideró el proceso de adhesión a la UE cuando dirigía el gobierno (1998-2006)[6]. En cualquier caso, como afirma el presidente Vaclav Klaus, la participación fue tan baja que se podría hablar de “un cuarto de elecciones”[7]. Klaus, fundador y alma mater del ODS hasta diciembre pasado, cuando abandonó el partido, es un euroescéptico convencido, eurocínico[8], en palabras del profesor de la Universidad Palacký de Olomouc, Daniel Esparza, pues ataca a la UE mientras reconoce que no hay otra alternativa a la misma. Es el presidente checo un personaje polémico tanto dentro como fuera de su país. Considerado “raro” por parte de los propios votantes checos, mantiene altos índices de popularidad, especialmente entre la gente mayor y los antieuropeos convencidos, como los comunistas que ayudaron a que saliera elegido presidente[9], curiosa paradoja, habiendo hecho Klaus bandera política de la crítica del pasado comunista.

 

Ni con Europa ni sin ella

 

Los conservadores del ODS viven aún bajo la alargada sombra del presidente de la nación y antiguo líder y su euroescepticismo les guió a firmar  en julio de 2006 junto a los conservadores (tories) británicos de David Cameron y al partido del ex primer ministro polaco, Jaroslaw Kaczynski, un documento en el que se comprometieron a formar un nuevo grupo dentro del Parlamento Europeo. Con todo, si Klaus dejó la formación para patrocinar un nuevo partido a su imagen y semejanza, se debe a discrepancias con un sector del partido, el de Topolanek, que pese a sus reticencias defiende aprobar el Tratado de Lisboa. El lema de la presidencia europea recientemente finalizada, ideado por el partido conservador, rezaba un metafórico lema: ‘Europa sin barreras’. Una idea que, desde la línea liberal que este partido defiende encierra, para el pensador más sibilino, una crítica a la UE y a sus normas y regulaciones. ¿Acaso no se derribaron las barreras el 21 de diciembre de 2007, cuando la República Checa entró en el área Schengen?

De las 32 formaciones políticas que se disputaron 22  escaños -dos menos que en las elecciones de 2004- de un total de 736 de la eurocámara, 29 se quedaron sin representación  parlamentaria. De los que quedaron fuera, el que más cerca estuvo de obtener escaño fue el partido nacionalista Soberanía (Suveren), firme detractor del Tratado de Lisboa y encabezado por la europarlamentaria y antigua presentadora de televisión, Jana Bobosikova. El gran derrotado, además de los socialdemócratas, ha sido el Partido Verde, miembro de la coalición del gobierno depuesta el pasado 24 de marzo por una moción de censura de la oposición de izquierdas, cuyo líder, Martin Bursik, presentó su dimisión el día después de conocerse los resultados electorales. Las escisiones que sufrió el partido en los últimos meses resultaron un lastre demasiado pesado.

Llaman la atención los buenos resultados obtenidos por los comunistas en un país que vivió más de cuarenta años bajo el dominio soviético y cuyos intentos de democratización, propugnados por el entonces primer secretario del Partido Comunista Checo, Alexander Dubcek, y conocidos como ‘primavera de Praga’[10], motivaron la ocupación del país por las tropas del Pacto de Varsovia en agosto de 1968. Pese a esta historia de amargo recuerdo en términos no solo políticos sino también económicos -antes de 1938 Checoslovaquia se podía comparar en términos de industrialización con Bélgica, mientras que en 1956 no solo estaba por detrás de los países de Europa occidental, sino que “era mucho menos rentable y mucho más pobre que veinte años atrás”[11]-, el Partido Comunista sigue fuertemente implantado en el país centroeuropeo.

Una vez más la historia que vive en los corazones de la gente dicta sus pensamientos y la población checa mantiene su desconfianza en que un país pequeño sea tenido en cuenta por los grandes, reminiscencia de la endémica dominación alemana que sufrió el país hasta la Segunda Guerra Mundial. Dominación tanto político-religiosa –como durante la Guerra de los 30 años, cuando los no católicos tuvieron que elegir entre el exilio o el abandono de su credo[12]- como cultural –como consecuencia de la anterior-, cuyo ejemplo paradigmático podría ser el de un Franz Kafka, símbolo universal de la Chequia literaria, que salvo escasas excepciones escribió su obra en su lengua materna, el alemán, lengua en la que fue educado por ser la que dotaba de reconocimiento social.

Se podría decir que los partidos políticos checos son causa y efecto de la desafección que el pueblo manifiesta hacia la política europea. Causa porque con sus campañas basadas en mirarse el ombligo nacional no ‘enseñan’ a sus ciudadanos las bondades (y, porqué no decirlo, las miserias) de la casa común europea. En este sentido, los ciudadanos checos no confían en sus políticos, cosa nada rara entre nosotros, los habitantes de la vieja Europa, puesto que, como señala el profesor Linduska, “no les interesa que la ciudadanía piense mucho en la UE y sus principios democráticos y de ahí que quieran ralentizar nuestra integración en la Unión”. Será porque, como dice el politólogo Jiri Pehe, veinte años después del comunismo, los miembros postcomunistas de la UE siguen siendo “democracias sin demócratas”[13]. Efecto porque se hacen eco del descreimiento y de los miedos (otra vez la reminiscencia del pez grande que se come al pequeño) de sus ciudadanos hablándoles de otras cosas y haciendo gala públicamente de su euroescepticismo.

Con todo, no todos los partidos políticos son contrarios a la integración política europea. Los verdes son partidarios sin ambages de la UE, hasta el punto de que el negociador designado por el gobierno checo para negociar la Constitución europea, Jan Zahradil, uno de los eurodiputados que ha revalidado su escaño, llegó a acusarlos de ser “la quinta columna de los Eurofederalistas”[14]. Los democristianos son también europeístas, pero con matices, pues ya en la reunión de marzo de 2007 en Berlín para negociar el Tratado constitucional, el que fuera viceprimer ministro del gobierno y líder del partido, Jiri Cunek, descartaba que el nuevo texto resultante se llame Constitución[15].

Los comunistas, la tercera fuerza del país, son el único partido comunista de centroeuropa que no se ha reformado después de la caída del telón de acero, y han oscilado entre una posición anti-UE (antes de la adhesión) a una postura euroescéptica (una vez dentro del Parlamento Europeo). Están en contra de la Constitución Europea, a la que acusa de defender una política económica neoliberal, de limitar los derechos sociales de los ciudadanos y de fortalecer el poder de la burocracia europea[16].

El resto de fuerzas políticas, todas formaciones sin representación parlamentaria, no gozan de un apoyo popular significativo, aunque han protagonizado algunas de las anécdotas más desagradables de la campaña electoral, como es el caso del spot televisivo del Partido Nacional, de extrema derecha, que instaba a la ‘solución final de la cuestión gitana’ o de la publicidad del extremista Partido Obrero, centrada en la misma etnia, llegando al punto de que la radiodifusión checa dejó de transmitir los spots de ambos partidos. No fue el único problema al que tuvo que enfrentarse la radiotelevisión pública, pues otro partido minoritario, el Partido de los Particulares de la República Checa demandó ante la justicia a la televisión pública checa por violar la ley electoral de los comicios europeos, acusándola de violar la igualdad de derechos con respecto a la competencia política en el país, pues la cadena pública previó una tertulia sólo con los candidatos que, según un sondeo de opinión pública, superaran el cinco por ciento de la intención de voto

El sistema electoral checo es diverso, en función del tipo de elección de que se trate, contemplando tanto la elección directa –como es el caso de las elecciones a la Cámara de Diputados o al Parlamento Europeo- como indirecta –los comicios para presidente de la República, que es elegido por el Parlamento-. En el caso de las elecciones europeas gana el escaño aquella agrupación política que consiga por lo menos un 5 por ciento de los votos. El elector puede marcar dos candidatos dándoles el voto preferencial y todo el territorio del país constituye un solo distrito electoral[17]. Existen además, subsidios públicos por voto conseguido para aquellas formaciones que superen el 1% del censo electoral. Solo por esta finalidad crematística a los partidos les interesaría promover el voto en estas elecciones, pues la bajada de la participación ha reducido las subvenciones públicas en 1, 2 millones de coronas respecto a las de 2004. Los socialdemócratas y verdes han sido los que peor balance han tenido entre dinero gastado en la campaña y subvención recibida: los socialistas gastaron dos veces y media más de lo obtenido, mientras que los ecologistas doblaron su déficit[18].

Los grandes periódicos han asistido como convidados de piedra al debate europeo preelectoral. Desde que se abrió la campaña el pasado 20 de mayo, apenas han dedicado espacio en sus portados para temas electorales, como no fuera la noticia antes apuntada del lanzamiento de huevos, prestando atención a anécdotas menores y tan ilustrativas como el divorcio del antes mencionado ex premier Topolanek. La prensa sigue, según el profesor Linduska, un modelo de orientación anglosajona, de mayor independencia con respecto a las fuerzas políticas, aunque sí tienen una línea ideológica que se orienta más hacia un lado u otro: “Por ejemplo –apunta- el periódico Mladá Fronta Dnes está más próximo al partido conservador que al socialdemócrata”. Matiza el profesor Esparza que los periodistas al estar obsesionados con ser objetivos, no se posicionan y “se quedan en la mera descripción”, en lo que podría ser una reminiscencia comunista, de que cuando alguien se destacaba políticamente, resultaba sospechoso.

Durante la campaña hubo aisladas menciones de consideración a la problemática europea, pues los políticos no les surten de información comunitaria, como denunciaba el 20 de mayo el diario Hospodařské Noviny, advirtiendo que el problema está en que muchos de los candidatos al Parlamento Europeo montan sus campañas sobre temas de política nacional, lo que se les vuelve como un boomerang, pues los electores les miden según los éxitos o fracasos del gobierno de turno y no de cara a Europa. El periódico Lidové Noviny abundaba en este tema criticando en su edición del 5 de junio que la mayoría de los temas tratados durante la campaña fueran nacionales, que se prestara poca atención al debate profundo sobre el Tratado de Lisboa y (en caso de su aprobación durante los cinco próximos años) a la ampliación de las competencias de los eurodiputados elegidos durante estos días. Este medio recomendó a los electores orientarse más por las personalidades individuales de los candidatos que por los partidos. El diario Pravo, por su parte, destacaba en su número del 22 de mayo la influencia significativa del trabajo del Europarlamento mediante opiniones como la de la eurodiputada Zuzana Roithová, que hacía hincapié en la importancia de la cita electoral: “El 80 por ciento de todas las leyes que nosotros adoptamos acá en el Parlamento Europeo afecta directamente a la República Checa”. Como es obvio, los europarlamentarios son, probablemente, de los pocos políticos en alentar el debate europeo, pues no en vano gozan de interesantes prebendas. Las listas de los partidos han sufrido una renovación simbólica desde los anteriores comicios, puesto que 14 de los 22 elegidos defendían escaño.

 

Perspectivas de futuro: ¿al fin la Constitución europea?

 

Los checos han tenido ya sus seis meses de protagonismo europeo, “jugar a la democracia”, que dijo el máximo mandatario Klaus en una entrevista televisiva[19]. Dos eran los retos de la presidencia checa que concluyó el pasado 30 de junio, según el profesor Esparza: Sacar a la UE de una doble crisis, la política institucional derivada de la congelación del Tratado de Lisboa y la crisis económico-financiera; y regresar a Europa[20]. Misiones sin duda complejas, titánicas para un período tan corto. La crisis económica continúa y los expertos auguran una recuperación, cuando menos, lenta. En la cumbre de Bruselas de 20 de junio pasado, el independiente Jan Fischer, que dirige el gobierno desde el pasado mes de abril, celebró la consecución de un acuerdo con Irlanda para incluir un protocolo en el Tratado de Lisboa que permita al gobierno del trébol someterlo de nuevo a referéndum, con garantías en cuestiones tales como su ventajoso régimen fiscal, la prohibición del aborto o la protección de derechos laborales.

Este anexo al Tratado ha sido criticado, entre otros, por el jefe del estado, que ha manifestado recientemente que quiere ser el último dirigente europeo en dar a conocer su postura respecto al documento acordado en la capital portuguesa. El pasado 26 de junio se conoció un sondeo en el que se ponía de manifiesto que Klaus empieza a perder popularidad entre la población (un 55 por ciento de la población confía en él, un 15 por ciento menos que hace un año) y precisamente es la postura negativa del mandatario en torno al Tratado de Lisboa le ha hecho perder puntos. El documento aún no ha sido ratificado por Alemania, pendiente de una decisión de su Tribunal constitucional, Polonia, la República Checa e Irlanda.

Con respecto al segundo de los objetivos, si ha vuelto República Checa a Europa, es decir, si ha existido un cambio de actitud, más europeísta, animado por una mayor relevancia en la escena europea y, por ende, mundial, es difícil afirmarlo, principalmente, porque la segunda mitad de la presidencia ha sido conducida por un gobierno de tecnócratas. El partido vencedor ha sido el ODS, pero, ¿ha sido esa victoria fruto de su gestión en el primer tramo del semestre europeo? Sinceramente, creo que la respuesta es no. Las elecciones, tanto desde las élites políticas como desde los medios de comunicación, siguen enfocándose en clave interna, pero seamos sinceros, en mayor o menor medida esto ocurre en todos los países de la UE.

La UE no es necesariamente la panacea a todos lo males, pero como dijo el ex primer ministro Topolanek al presidente Klaus, no hay otra alternativa: “o Lisboa o Moscú”. Se puede ser crítico, incluso tensar la cuerda en busca del beneficio nacional, pero no se puede ignorar la importancia de una institución que aportó a Chequia solo en el período 2004-2006  casi mil millones de euros de los fondos de cohesión[21]. Hay que hacer pedagogía política para que la población acuda a votar, a opciones favorables o contrarias a la UE, pero que participe. No en vano, el voto de un checo vale el doble que el de un español, un francés o un alemán. Parece que la política checa vive un invierno, pero después de esta estación siempre viene la primavera. La mayoría del pueblo checo no está en contra de la UE, pues hasta las bases y los votantes del mayoritario ODS son bastante europeístas[22]. Los checos han sido en ocasiones unos adelantados a su tiempo, como cuando la revuelta husita que, criticando la ostentación de la Iglesia católica, se adelantó casi un siglo a la reforma protestante. Y han formado siempre parte del corazón de Europa, desde que el rey de Bohemia, Wenceslao, fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico en Roma en el año 1355, con el nombre de Carlos IV. La idea de una Europa benefactora a buen seguro está latente en un país que en el referéndum de adhesión a la UE de 2003 votó superando el 55% del censo y con casi el 80% de los electores a favor[23].

Pese a que los checos entienden la necesidad y los puntos positivos de su pertenencia a la UE – el 20 de mayo, en el arranque de la campaña electoral, el diario Hospodařské Noviny publicó una encuesta que develaba que aunque más de la mitad de los electores checos no pensaba votar, el 56 por ciento de los ciudadanos aseguraba que la Unión Europea es el mejor instrumento para repeler los efectos de la globalización- parece que todavía flota en el subconsciente colectivo el recuerdo del país pequeño zarandeado por los grandes, francos, alemanes o húngaros, cuando no traicionado por sus aliados, como con en el Pacto de Munich, cuando Francia e Inglaterra, ante el temor de no estar preparadas para otra guerra contra Alemania, dejaron que Hitler se anexionara la región de los sudetes primero, en 1938, e invadiera al año siguiente el resto del país[24]. 

Casi 20 años han transcurrido desde que los checos, tras el largo período comunista celebraron sus primeras elecciones libres en junio de 1990, bajo la presidencia del dramaturgo Václav Havel. Tres años después se separó Eslovaquia y once años más tarde tomó cuerpo la unión con Europa (2004). Hacen falta líderes políticos que, más allá de su ideología, en la línea de lo expresado por el antiguo consejero jefe del ex presidente Havel, Jiri Pehe, “busquen acuerdos y los respeten una vez alcanzados”[25]. Es necesario, como apunta la profesora de Ciencia Política de la Universidad de Praga, Vladimíra Dvořáková, que los partidos expliquen cómo las decisiones adoptadas en Estrasburgo afectan a las políticas de los distintos países[26].

Ocurra lo que ocurra en las futuras elecciones generales anticipadas de octubre, debe existir un consenso de mínimos sobre la Unión Europea. Se puede discrepar, pero no es muy prudente ir “contra todo”, como manifiesta el presidente Klaus en su Autobiografía. Hace ocho siglos, en una expedición cruzada, un rey Bohemio, el premislida Otakar II, fundó la ciudad de Královec (antigua urbe prusiana de Königsberg y actual ciudad rusa de Kaliningrado)[27]. Éste es el espíritu paneuropeo que bulle en la antigua nación del Imperio austrohúngaro. Chequia habrá de jugar un papel importante en la fundación de la Europa del siglo XXI y, de este modo, los europeos, como el gran lanzador de jabalina, Jan Zelezny, podremos llegar más lejos que nadie.

 



[1] Milan Kundera: La inmortalidad. Ed. Tusquets, Barcelona, 2005, p. 303. Dice Kundera: “hacía ya mucho que no vivía en el mundo; su único mundo era su alma”.

[2] Página web del Parlamento europeo: http://www.elections2009-results.eu/es/turnout_es.html [Acceso: 30/06/09].

[3] Página web de la Oficina checa de estadística: http://www.czso.cz/eng/redakce.nsf/i/population [Acceso: 30/06/09]. Datos poblacionales a 31 de marzo de 2009.

[4] Radio Praga (Praha, en checo) es el servicio de la Radiodifusión pública checa para el exterior, con una completa programación de emisiones en inglés, francés, español, alemán y ruso.

[5] Página web de resultados electorales de la Oficina checa de estadística: http://www.volby.cz/  [Acceso: 08/06/09].

[6] Daniel Esparza y Petra Mestankova: “Los checos frente a la crisis europea”. Revista del Real Instituto Elcano (ARI) nº 60/2007 de 29/05/2007, p. 5.

[7]People do not realise huge importance of EU institutions: Klaus“. Noticia de la Agencia Checa de Prensa CTK del 8 de junio.

[8] Daniel Esparza: “Ya nadie sueña en Praga”. Periódico El País de 31/12/2008.

[9] Según el profesor Ales Linduska.

[10] Gran Enciclopedia Universal. Vol 4. Ed. Espasa. 2004. p. 2545.

[11] Historia de Europa. Tomo II. Ed. Espasa. Pozuelo de Alarcón. 2007. p. 839.

[12] Página web del gobierno checo gestionada por el Ministerio de Asuntos exteriores: http://www.czech.cz/es/chequia/historia/todo-sobre-la-historia-checa/la-guerra-de-los-treinta-anos?i= [Acceso: 30/06/09].

[13] Jiri Pehe: “Las raíces de la crisis en el Este”. Periódico El País de 27/04/2009.

[14] Daniel Esparza y Petra Mestankova: “Los checos frente a la crisis europea”. Revista del Real Instituto Elcano (ARI) nº 60/2007 de 29/05/2007, p. 2.

[15] Ibidem, p. 3.

[16] Ibidem, p. 5. 

[17] Página web del Parlamento Checo, Acta que regula las elecciones europeas: http://www.psp.cz/cgi-bin/eng/docs/laws/2003/62.html [Acceso: 07/07/09].

[18] “Czech EU election winner gains subsidy of 22 million crowns”.  Noticia de la Agencia Checa de Prensa CTK del 8 de junio.

[19] Daniel Esparza: “Ya nadie sueña en Praga”. Periódico El País, 31/12/2008.

[20] Daniel Esparza: “Los checos frente a la crisis europea”. Revista del Real Instituto Elcano (ARI) nº 28/2009 de 10/02/2009, p. 1.

[21] Página web de la Comisión Europea: http://ec.europa.eu/regional_policy/funds/procf/cf_es.htm [Acceso: 07/07/09].

[22] Daniel Esparza: “Los checos frente a la crisis europea”. Revista del Real Instituto Elcano (ARI) nº 28/2009 de 10/02/2009,  p. 2.

[23] Página web de resultados electorales de la Oficina checa de estadística: http://www.volby.cz/pls/ref2003/re13?xjazyk=EN [Acceso: 08/06/09].

[24] Página web del gobierno checo gestionada por el Ministerio de Asuntos exteriores: http://www.czech.cz/es/chequia/historia/todo-sobre-la-historia-checa/la-segunda-guerra-mundial?i= [Acceso: 30/06/09].

[25] Jiri Pehe: “Las raíces de la crisis en el Este”. Periódico El País de 27/04/2009.

[26] Markéta Hulpachová: “Voters still unclear on EU issues”. Semanario Prague Post de 03/06/2009.

[27] Página web del gobierno checo gestionada por el Ministerio de Asuntos exteriores: http://www.czech.cz/es/chequia/historia/todo-sobre-la-historia-checa/los-premislidas?i= [Acceso: 08/06/09].

* Este artículo se realizó para un libro con  motivo de las elecciones al Parlamento europeo de 14 de julio de 2009 y la entonces próxima entrada en vigor del Tratado de Lisboa. Por avatares del destino (editorial) nunca se materializó dicha publicación, pero quería compartir aquí el fruto del arduo trabajo periodístico realizado.

martes, 12 de febrero de 2008

El paciente entrevistador

La entrevista del pasado día 11 en el canal de televisión Cuatro al presidente del Gobierno es uno de los productos informativos más decepcionantes que he podido contemplar desde que tengo uso de razón. Solapando al máximo los perjuicios que uno tiene sobre la posible afinidad ideológica del entrevistador con el entrevistado, lo cierto es que la sensación que me queda tras la entrevista es de pena, de solidaridad con el supuesto entrevistador. Digo supuesto porque a veces daba la impresión de que quien llevaba el debate era el propio Zapatero (en adelante, ZP). Sintomático es el repetido gesto del presidente pidiendo silencio al periodista con la mano, al uso de la cumbre iberoamericana con el extravagante Chávez, pero con éxito. No hizo falta un rey para ordenar silencio. El pobre Gabilondo (en adelante, Gabi) ni podía acabar sus preguntas. En algún momento, incluso, me pareció adivinar en su cara una mezcla entre disgusto y resignación.

Ya desde el principio, la cita no parecía muy prometedora, interpelando el aún conductor de la entrevista al conducido sobre si ganará o no las elecciones. A partir de ahí y sin ánimo de establecer comparaciones con la entrevista realizada al líder de la oposición, donde Gabi sí ejerció de periodista –aún sin poder evitar deslizar alguna opinión propia-, el programa fue una sucesión de temas que el famoso locutor le apuntaba al presidente para que éste se explayara y repartiera críticas a diestro y siniestro, sin ápice de asomo de autocrítica.

Tal fue la tribuna de orador con megáfono incluido en la que se convirtió la butaca del presidente que Gabilondo no parecía mas que un convidado de piedra, impertinente a los ojos del invitado, que hasta le matizaba las preguntas antes de que el pobre presentador terminara de formularlas: “¿No es cierto que no se ha conseguido integrar a los nacionalistas catalanes y vascos en los estatutos aprobados esta legislatura…?” y antes de que Gabi pudiera concluir, le replica ZP cual profesor a su alumno: “Hay que matizar esa pregunta, porque en un caso no se aprobó estatuto….”.
Y cuando Gabi, cierto es, mostraba intención de repreguntar para que el presidente no se fuera por las ramas –un auténtico maestro, por cierto-, el invitado repetía letra por letra su respuesta, diría, incluso, con rictus de molestia, como pensando, ¿pero éste qué se ha creido?: -“Presidente, ¿volverá a negociar con ETA si gana las elecciones?” –“No hay ninguna expectativa de dialogo con la banda terrorista”. Y así podíamos haber llegado hasta el infinito.

Después de un par de soliloquios tras la pregunta certera de Gabi del tipo ‘Rajoy ha dicho…’ que ahondaron aún más en la estopa al rival y de una pregunta guía para abundar en el caso de las sedaciones del Severo Ochoa de Leganés – “¿Qué opinión tiene de la eutanasia?”-, la entrevista fue languideciendo poco a poco hacia su opus, entre preguntas inconclusas de Gabi –ZP no le dejaba- y monólogos de tres minutos del presidente. Casi al final, Gabi, como púgil que pide la hora, se excusa en las preguntas de los televidentes para interrumpir por una vez el panegírico de ZP. Cierre patético. En aras de dar una apariencia de igualdad, le pregunta sobre tres señaladas fechas de la historia: La constitución de EE.UU. como estado (o sea, cuando su declaración de independencia en Filadelfia), la revolución francesa y la revolución bolchevique (creo que dijeron rusa y, aunque todo el mundo entendimos a qué se refería, podía haber sido la de 1905). Acertó las tres. Pleno. Si las preguntas no eran nada del otro mundo, más sospechosa aún me pareció la respuesta del presidente: “¿Cómo no había de saberlo después del tiempo que pasé dando clases de derecho constitucional?”. Pues el que esto escribe, que estudió derecho como el presidente –aunque no realizara una tesina como la suya- sí recuerda haber estudiado las dos primeras fechas en Historia del Constitucionalismo, pero no la tercera. En cualquier caso, ¿hay que estudiar leyes para saberlas?.

En resumen, las preguntas fueron vagas, poco concretas e incisivas y muchas veces no pudieron perfilarse por la interrupción (¿?) del entrevistado. El invitado habló cuanto quiso y más, nunca se vio en apuros o ante una pregunta con segundas, se atrevió incluso a pedir –con el gesto- reiteradamente al periodista que no le interrumpiera (¡pero si Gabi estuvo más calmado que una balsa de aceite!). ZP elaboró pausadísimos discursos, pasó de un tema a otro sin cortapisas, exploró hasta el último recodo de los cerros de Úbeda y se fue como vino, con una sonrisa de oreja a oreja –o de ceja a ceja, ahora más de moda-. Si estuviéramos en EE.UU., probablemente Gabi no volvería a hacer una entrevista a un responsable político, porque no forzó el ingenio del entrevistado ni la cita desveló nada, absolutamente nada que no supiéramos. Pasaría el resto de sus días en el fondo de una redacción recogiendo teletipos, o casi. Tiene que ser frustrante que no te dejen hablar en tu propia casa. ¡Ánimo Gabi, que al menos tienes el riñón bien cubierto! Si te sirve de consuelo yo, en tu caso, no sé si hubiera aguantado estoicamente parapetado en mi butaca. Más bien, creo que me hubiera ahorcado con el cable del micrófono de corbata…